En esta clase nos proponemos pensar el rol que ocuparon las utopías europeas en el proceso de conquista de América. La pregunta que guía el recorrido es la siguiente: ¿hasta qué punto las imágenes, los sueños y las esperanzas del europeo moderno condicionaron su modo de ver, nombrar y habitar este continente?
Pensar la utopía nos permite acercarnos a una comprensión más profunda de nuestra historia y, al mismo tiempo, interrogarnos por la relación entre América y los imaginarios que se proyectaron sobre ella desde Europa.
Actividad de inicio – Para pensar en clase
- ¿Qué entendés por “utopía”?
- ¿Usás la palabra utópico como algo positivo o negativo?
- ¿Creés que las utopías influyen en la forma en que los pueblos piensan su futuro?
Utopía: entre el deseo y la realidad
El término utopía proviene del griego u-topos, que significa “no lugar”. Como señala Enrique Dussel, se trata de un concepto que remite a aquello que no tiene un lugar real, pero que orienta prácticas, expectativas y proyectos históricos.
Las utopías ponen en tensión la distancia entre los hechos y las esperanzas, entre lo efectivamente dado y lo añorado. En ese sentido, la utopía no es simplemente una fantasía, sino una fuerza que organiza el modo en que las sociedades imaginan lo posible.
En la actualidad, la palabra utopía suele aparecer desvalorizada. Como advierte el pensador hispano-uruguayo Fernando Aínsa, el término se ha “desmonetizado”: muchas veces se lo utiliza de manera peyorativa, para nombrar aquello que se considera imposible, ingenuo o irrealizable.
Sin embargo, esta pérdida de valor no elimina su potencia histórica. Por el contrario, invita a revisar cómo las utopías han operado en distintos momentos y contextos, especialmente en la historia americana.
América como escenario utópico
El poeta y ensayista Octavio Paz afirma:
“No se puede entender América si se olvida que somos un capítulo de la historia de las utopías europeas”.
Siguiendo esta línea, Fernando Aínsa propone pensar América como el reverso de los sueños europeos: un territorio sobre el cual se proyectaron deseos, frustraciones y esperanzas nacidas en el Viejo Mundo.
Espacio y tiempo: los ingredientes de la utopía
Toda utopía necesita al menos dos elementos fundamentales: espacio y tiempo.
Por un lado, requiere un territorio donde fundarse, crecer y desarrollarse. Por otro, necesita una temporalidad que puede orientarse hacia un pasado idealizado o hacia un futuro por venir.
Para la Europa renacentista del siglo XV, América parecía reunir ambos ingredientes: un espacio vasto, percibido como vacío, y un tiempo nuevo, entendido como la posibilidad de comenzar la historia desde cero.
Esta percepción favoreció la experimentación utópica del europeo conquistador. Todo aquello que había sido frustrado en el Viejo Mundo parecía encontrar una nueva oportunidad en América. De allí surgen expresiones como “continente del futuro” o “país del porvenir”, utilizadas incluso por filósofos como Hegel, quien llegó a definir a América como una “región sin historia”.
Esta negación de la historia no solo operó desde Europa, sino que se reprodujo —y aún se reproduce— dentro de los propios pueblos americanos, ya sea desde la idea del subdesarrollo o desde una mirada meramente arqueológica del pasado.
Mitos fundacionales y conquista
Para comprender esta imagen del “Nuevo Mundo”, es necesario remontarse a los mitos fundacionales de la cultura europea. Relatos de huida hacia el oeste, hacia el sol poniente, hacia las tierras prometidas, atraviesan desde los textos del antiguo Egipto hasta la Odisea de Homero y los diálogos de Platón sobre la Atlántida.
En la Edad Media, estas imágenes reaparecen bajo la forma de las “islas deliciosas” o la mítica isla de Jauja, reforzando la idea de un paraíso perdido que debía ser recuperado.
Estos mitos fundacionales terminaron por ocultar, desconocer y oprimir al otro. Como señala Alfonso Reyes, América fue una “región deseada antes de ser encontrada”.
Lo trágico no fue el choque entre mito y realidad, sino que esos mitos no se desmintieran al confrontar con los pueblos que ya habitaban estas tierras. Por el contrario, las utopías europeas se reactivaron, negando la humanidad, la cultura y la historia del otro.
En el siguiente video profundizamos estas ideas a partir de los aportes de Fernando Aínsa, Enrique Dussel y otros pensadores de Nuestra América, para comprender cómo las utopías europeas influyeron en la conquista y en la construcción del imaginario americano.
👉 Te invitamos a ver el video completo:
Actividad de integración
- ¿Por qué crees que América fue pensada como un “no lugar” por el imaginario europeo moderno?
- ¿Qué relación existe entre utopía y negación del otro?
- ¿Creés que hoy seguimos reproduciendo imágenes utópicas sobre América? ¿Cuáles?
- ¿Qué implicancias tiene este análisis para pensar nuestra identidad y nuestra historia?
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